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Esperanza Final [Última Batalla de Saga NM 2.0 - Resistiendo en el Portal]

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Re: Esperanza Final [Última Batalla de Saga NM 2.0 - Resistiendo en el Portal]

Mensaje por Agito Hoshigaki el Sáb Mar 16, 2013 1:05 pm

El mundo ha florecido hermoso en mi ausencia... pronto será un paraíso.

Todo parecía indicar que íbamos a ganar, el ninja del Loto Negro fue derrotado y humillado por aquel que lideraba la defensa de la humanidad y aquel ninja de Suna con los codiciados ojos bendecidos por el Sharingan, y aquellas criaturas estaban resultando erradicadas por todos los shinobis que estábamos allí, cada uno aportaba lo que podía, aunque solo matase a uno de esos horrendos bichos ya era una enorme ayuda para los demás. Sí, parecía que íbamos a ganar, pero tan solo se quedó en un parecer, pues aquellas criaturas duplicaron se en número, haciendo un ejercito mas inmenso que el anterior, todos amontonados saliendo del portal dispuestos a matar o someter a todo ápice de vida no corrompida por la plaga, en ese momento el ninja derrotado aprovechó para escabullirse por el portal como una rata asustadiza, cobarde. Mas no fue eso lo que me preocupó, sino que un segundo ninja apareció junto con cuatro iguales, de ropajes iguales y alto poder, entraron por el portal a esta dimensión, no parecía unos ninja normales, no, estos poseían, ante todo uno de ellos un aura realmente poderosa y posiblemente no hubiesen usado ninguna técnica aún. En un abrir y cerrar de ojos las alimañas desaparecieron entre una enorme humareda de cenizas que fue disipándose hasta acabar en el olvido.¿Habrían sido aquellos hombres?. Sí, seguro que sí, pues ya tan solo su presencia provocaba en mi un gran temor. Uno de ellos se acercó sin temor alguno al que derrotó a su compañero y habló con él, en ese momento comencé a notar algo extraño en mi cuerpo, y creo que no fui el único que lo sintió, una gran presión estaba sacudiéndonos a todos, tal era que mi compañero cayó de la plataforma, mis clones se destruyeron y los insectos que me sujetaban en el aire bajaron, dejándome en el suelo.

¿Qué estaba pasando? ¿Como habíamos pasado de ir tan bien a ir así en tan solo unos segundos?Ese hombre no era normal, tenía un poder inmenso, pues la presión volvió a aumentar y empezó a estrujarnos a todos contra el suelo sin casi poder movernos, y mucho menos levantarnos, hasta el inspirador de nuestra ''victoria'' se arrodilló ante él. Todo acabó, ninguno podíamos movernos y la presión seguía en aumento, tarde o temprano todos moriríamos aplastados, aunque si hubo una persona que se levantó, no sabía quien era, pero parecía estar muy unido al ninja arrodillado, pues paso a paso fue hasta él y le ayudó a levantarse, a partir de ahí solo recuerdo como una luz blanca comenzó a bañarnos a todos y segundos después como el ninjas ayudado por su compañero nos pedía ayuda, después cerré los ojos realmente por no se cuanto tiempo.

El tiempo se congeló, me vi a mi en una sala totalmente en blanco, ya no sentía la presión, ni dolor, me encontraba perfectamente, ¿Había muerto?, la verdad es que tenía toda la pinta de ser, pero no sabría decirlo con total seguridad. Desde la lejanía veía como se acercaba una figura que a medida que se acercaba conseguía distinguir su aspecto, tenía un pelo negro, de pincho y una piel muy blanca y tersa, no era especialmente alto y sus ojos estaban cubiertos por unas gafas, su ropa era negra y cómoda, con un abrigo blanco de largad mangas que sobrepasaban con creces sus brazos y a su espalda llevaba una gran tinaja a la espalda, se trataba ni mas ni menos de Taromaru Aburame, mi padre. Realmente empecé a pensar en que estaba muerto, pues sería la única forma de verle.

Mi padre se acercó a mí con un aire muy familiar dándome un abrazo, el cual yo correspondí.-¿Estoy muerto?.-No pude evitar preguntárselo, a lo que mi padre rió, y respondió-No, tan solo inconsciente hijo mío.-Hizo una pequeña pausa mientras me revolvía el pelo y volvió a hablar-Karibachi, ahora escucha lo que voy a decirte porque es muy importante: Debes despertar y luchar contra el Loto Negro con todas tus fuerzas, debes hacerlo por todos los que se están jugando la piel y todos los que esperan que les salves, cuentan contigo hijo, cuento contigo.-En ese momento todo comenzó a difuminarse, se empezó a tornar blanco y empezaba a volver a notar esa grandísima presión sobre mi cuerpo, pero eso no fue lo único que noté. Un inmenso poder volvía a invadirme, mi chakra volvía a salir por mi cuerpo con una gran intensidad viéndose un aura verde a mi alrededor, mi cuerpo había recuperado fuerzas y mi corazón recobró todo su valor, escondiendo el miedo, si aquel ninja me necesitaba yo le daría mi ayuda. Me levanté como pude y comencé a caminar hasta llegar a la altura de este, por lo visto otros ninjas ya lo estaban haciendo, incluyendo al que me acompañaba encima de mis insectos.

-Maldita sea, no puedo quedarme quieto, no puedo fallar a mi madre y a mi padre, no puedo perder esta batalla.-En mi rostro se podía vislumbras el enfado y la decisión que enfocaba mi corazón a ganar, pues fue lo que me hizo levantarme del suelo y volver a la lucha, desafiando a los mismísimos demonios de capas negras y me hizo dar pasos hacía ellos, sacando mi kunai y yendo hasta el ninja que pidió mi ayuda-Espero que sepas lo que haces, porque te daré todo lo que tengo.-
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Re: Esperanza Final [Última Batalla de Saga NM 2.0 - Resistiendo en el Portal]

Mensaje por Sonzu~ el Sáb Mar 16, 2013 5:06 pm

¿Era la victoria aquello que parecíamos estar alcanzando al fin? Entre los sonidos que produce la energía al estrellarse contra un cuerpo infectado, los gritos de superación, las palabras de ánimo por parte de mis compañeros que luchan sin rendirse, una suave luz parece alumbrar después de todo. Tan solo un instante es necesario no solo para que yo, asombrada, pare, si no para que la mayoría se percate de una verdad muy grande que se nos ha mantenido meticulosamente oculta y ahora veríamos con tan solo alzar la mano… Finalmente está ahí, no hay ninguna duda.
Burlándose el poder de los infectos de los mortales las muertes que hemos dado a las repugnantes criaturas parecen ser en vano, apareciendo más de los mismos lugares de la primera vez y otros nuevos, no siendo solo las que quedasen por derrotar; sumándose éstas al número anterior. Hay demasiado en juego para rendirme por el mínimo obstáculo que se presente en el camino. Estoy preparando una nueva ofensiva cuando soy consciente de que el verdadero peligro es más grande y poderoso, algo mayor a lo que estoy preparada para enfrentar. Solo una voz se alza entre el sonido de la batalla, profunda y aterradora. Hay algo estremecedor en esa voz, tan inmensurable que hubiera enloquecido fácilmente de terror de no ser porque me encuentro demasiado turbada como para pensar siquiera.

El mundo ha florecido hermoso en mi ausencia... pronto será un paraíso.



Como prolongación de mi propia vista llega a mí la realidad de que un nuevo enemigo ha venido a presentar batalla, apareciendo en el portal y pasando el puente para presentarse ante el líder de nuestra batalla, Kirugani. Con su simple presencia, siendo las criaturas esclavos de su criterio y poder, siento una gran oleada de energía a mis espaldas. Giro mi cuerpo despacio en dirección a los dos grandes shinobis que se encuentran cara a cara, tratando de ignorar el polvo hecho de cuerpos putrefactos que se enreda entre mis piernas, prolongando su existencia unos segundos más antes de desaparecer. La gran Plaga ha sido reducida a la Nada en menos de un parpadeo. Hace unos minutos, incluso menos, segundos, no lo habría creído. Pero no siento alivio por su partida, no tengo tiempo de hacerlo. La boca del enemigo se abre, sin dudar está hablando, aunque no sea para mí, sino sea Kirugani a quien dirige las palabras que, sin llegar con claridad a mi mente, sé que no pretenden traer nada bueno para La Resistencia que hemos formado. Al concluir alza los brazos en cruz, siendo ese gesto el principio de una gran presión que oprime mi cuerpo. Lucho por no caer contra el suelo de bruces, siéndome imposible permanecer de pie aún así. Con vanos esfuerzos por revelarme caigo arrodillada primero, estrellando mi cuerpo contra el suelo a la misma velocidad que mi voluntad empequeñece y se esconde frente al mal que nos acecha.


Que descanso después de lo que parece tanto tiempo poder cerrar los ojos… Al hacerlo veo a mi padre y mi madre, corriendo hacia su posición con los brazos abiertos y las lágrimas derramándose por mis mejillas. No reciben mi abrazo, paso a través de ellos mientras me mira él con gesto crítico. A duras penas mi madre, mostrando infinito pesar en su mirada, niega con la cabeza y roza mi mejilla, traspasándola pero transmitiéndome una cálida y suave sensación.

Te salvé, Padre... Vengué tu muerte. Estoy preparada, ¿verdad? Puedo volver con los dos.

Niegan una segunda vez, y desaparecen para transformarse en una cúpula de colores brillantes que me envuelve. Caigo sentada en el blanco suelo, mirando hacia arriba en busca de algo que me proteja y aleje del miedo. Una oscura neblina se ha formado a mi alrededor e inmediatamente viajo a los páramos de mi segunda villa, Iwagakure, desiertos y vacíos. Como una estrella fugaz cruzando la oscuridad aparece, estrellándose contra mi cuerpo, formando en sus labios las palabras que marcaron el comienzo: Eres muy bella.
Despacio se forma con precisión en la cúpula su imagen, retratando el brillo de sus ojos impregnados de amor cuando me mira y solo quedamos él y yo, las pequeñas líneas en las mejillas cuando levanta las comisuras de sus labios y sonríe. Sería capaz de quedarme aquí la propia eternidad y seguramente no necesitaría nada más, pero la ilusión no acaba dejándome con su presencia. Estira uno de sus brazos a mi tripa, de donde sale sin necesidad de romper ningún tejido, de manera que simplemente extrae su existencia de aquello que la mantiene presa, una pequeña criatura que siento como nuestra. La niña de ojos dorados y cabellos verdes nos mira, riendo después sin causar sonido. Me acerco a ellos, sonriendo, para completar así el cuadro que se mantenía incompleto hasta el momento. Tengo que regresar. La criatura abraza la carita de su padre con cuidado, apoyando ambos sus frentes. Esa imagen nubla mi mente mientras se van alejando, estando preparada para partir y hacerla realidad. No sé cuándo, pero debo vivir para ver crecer la semilla que solo Viral consiguió plantar en un terreno seco y árido donde hacía mucho ya nada crecía. Tengo que luchar, volver a su lado para siempre y envejecer juntos. Debo lograr que nada de esto sea en vano.


Cuando regreso hay algo a mi alrededor que ha cambiado. No sabría decir el qué, posiblemente no fuera capaz de describirlo con palabras. El factor que nos une, las razones que cada uno de nosotros tiene para seguir adelante se han hecho evidentes. No sé sus motivos ni si los comparto o no, pero seguro que cada uno de ellos tiene una razón por la que vivir. Las personas más fuertes la tienen. Varias personas a mi alrededor se han levantado o están intentando hacerlo, luchando contra la fuerza que nos oprime manteniéndonos presos. Me hablo a mí misma para ayudarme a subir. Oh, venga debilucha, ¿de qué te servirá la fuerza si no puedes proteger lo que amas? La rendición no es algo que podamos permitirnos, debemos dar nuestro mejor esfuerzo por seguir adelante y luchar. Con un sobrehumano esfuerzo voy incorporando mi cuerpo, primero haciendo movimientos precisos pero sencillos dentro de lo que cabe con mis brazos, esta es solo la parte más fácil, tengo que poder con ella. Después me apoyo en ellos, levantando con lentitud mis piernas. El murmullo de mi voz se empieza a oír débil y entrecortado en las mentes de los demás, aumentando de tono a medida que alzo mi propia voluntad para plantar cara al enemigo.

No voy a rendirme… No vamos a rendirnos… Tenemos que seguir. ¿¿¡Quiénes se creen que somos!??

Dirijo la vista al frente mostrando el apoyo que Kirugani nos ha pedido demos para entregarle la fuerza necesaria en empeño por vencer al enemigo, quien no parece terminar de entender que no podrá con nosotros. Tal vez nuestros cuerpos frágiles, de carne y hueso, llegaran a romperse, podrían intentar matarnos y dejar pasar ante nuestros ojos las más duras pesadillas que nos asolaran, pero ni siquiera eso sería capaz de sublevar nuestra alma. Unidas las razones se elevan y entrelazan como una sola, dejando de mí una determinación conjunta por llegar al futuro que intentan arrebatarnos. Habíamos ido allí sabiendo los peligros que nos acechaban, formando aún así una resistencia contra la maldad que asolaba el mundo. La habíamos plantado cara, incluso ahora lo hacíamos, debíamos seguir hasta el final para lograr nuestro objetivo. Solo un paso más.
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Re: Esperanza Final [Última Batalla de Saga NM 2.0 - Resistiendo en el Portal]

Mensaje por Toshiro el Sáb Mar 16, 2013 6:20 pm

Me encontraba Inmovilizando a Aquellos degenerados, ya era hora de que estos Cayeran, eran solo 4 Pero todo aporte en esta Guerra valía, mientras que los Seguida apretando sin Dejar que se movieran, tenia que buscar un Forma de Acabar con ellos de una vez y una técnica de mi Clan de me había venido a la mente, nunca la había Probado en realidad pero este era el Momento. Empece a recordar la forma como era la Técnica rápidamente antes que mas Enemigos llegaran, estaba tan concentrado en destruir a estos Degenerados que no le prestaba mucho a las Imágenes y Pensamientos que nos Transmitía el Jefe de nuestro bando al cual yo le llamaba "El Ojo" pero por lo que podía observar mas Enemigos salían de tal portal pero el Enemigo principal estaba ya derrotado y estaba huyendo como un Cobarde.

Ya había recordado bien la Técnica era volver Afilados los Hilos con mi Chakra para así volverlos mas fuertes y resistentes a la Hora de Atacar al enemigo, empece a enviar Rápidamente Chakra a través de mis Hilos canalizándolo a la perfección por los 8, la técnica no me costaba tanto y esperaba que funcionara a la Perfección para así acabar de una vez con los Degenerados. Cuando ya los hilos estaban llenos de Chakra solté a los Degenerados y en ese mismo momento volví los Hilos Afilados me había salido la Técnica a la Perfección y era hora de atacar pero en ese Mismo momento escuche una voz que decía.

El mundo ha florecido hermoso en mi ausencia... pronto será un paraíso.

Eso me intrigo un poco no era la Voz de uno de mis Compañeros que luchaban conmigo, pero no perdí al Concentración ni un segundo y los Hilos que ya tenia listo los Dirigí hacia aquellos Degenerados que se retorcían de el Dolor que les había causado anteriormente. En el Momento que mis Hilos iban a toda velocidad hacia los degenerados, estos se deshicieron en polvo quedando así nubes de polvo por el lugar el cual se fue con el viento, al Alzar mi mirado todo el Campo estaba vació de monstruos y así ya podía ver lo que corría a través de "El Ojo", otro Ninja había aparecido este se veía bastante fuerte se encontraba delante de el Líder de nuestro bando diciéndoles algunas palabras.

En un parpadear de Ojos mientras volvía mis Hilos a mis Brazos una Gran presión sentía en mi Cuerpo la cual no podía resistir muy bien, me había agarrado desprevenido y de un momento a otro me encontraba arrodillado en el Suelo, Que estaba pasando? Acaso este enemigo hacia esto?. Muchas preguntas pasaban por mi cabeza mientras que luchaba contra aquella presión que me sometía a irme al Suelo por completo, pero no me dejaba. Estaba entre la Espada y la pared, estaba a punto de morir me preguntaba a mi mismo, primera vez que sentía esta sensación tan horrible en mi Cuerpo.

Una Lagrima salio de mi Ojo derecho, estaba a punto de rendirme y no quería en verdad morir tan pronto, estaba muy joven para esto quería seguir viviendo en realidad, así terminaría todo, mi camino Ninja se iría a la basura, a si no mas sin poder luchar contra esta presión. La Respiración ya no me daba mas, los pulmones no trabajaban como era estaba a punto de desmayarme por esta Gran presión, pero de un momento a otro podía Escuchar la voz de mi abuela la cual me había criado diciendo.

Hijo Vamos tu Puedes¡ No te dejes vencer, piensa en tus Sueños¡ a mi es a quien le tiene que llegar la hora de morir no a ti Hijo querido, vamos levántate tu puedes, piensa en el Deseo de tus Padres de que te conviertas en un Gran Ninja y alces tu Clan, vamos tu Puedes Hijo mio..¡

Luego de estos solo miraba un Frió y Oscuro camino muy largo el cual me esperaba estaba muriendo en Realidad. Pero en ese momento nuestro Líder "El Ojo" dijo unas palabras a través del Sello que nos habían colocado, estas en verdad me habían dado el Valor y la fortaleza para seguir combatiendo y no quedarme aquí ademas de las Palabras de aquella mi Abuela. Sacando fuerzas de donde no las Tenia di un Respiro bastante Grande haciendo que mis Pulmones volvieran a su estado Normal, sentía todavía el Gran peso en mis Órganos y cuerpo pero esto no me impido levantarme. Poco a poco logre levantarme de aquel húmedo Césped en el cual anteriormente estaba Desmayado y muerto prácticamente. El dolor me consumía pero mi Fuerza de Voluntad perduraba en mi dejando el Dolor a un lado y dándome fuerzas para seguir.

Al estar Levantado completamente, mire Fijamente a aquel Shinobi que nos había dado las Fuerzas para seguir, aquel Líder nunca lo olvidaría en mi vida, rápidamente me mordí un labio y ya podía moverme a voluntad con mucho esfuerzo pero a voluntad. En ese momento que la gota de sangre empezaba a caer desde mi labio, desde aquel Sello dije con voz Fuerte y firme.

Jamas me Rendiré tan fácil, luchare con Ustedes hasta el Final..¡

Al terminar mis Palabras la Gota de Sangre cayo en el suelo y empece a caminar hacia aquel Grupo de Shinobis que estaban Junto a el Líder para darles todo su Apoyo y Voluntad, mientras que sacaba de mi Capa de Konoha un Kunai en mi mano derecha el cual apreté Fuerte mente mientras seguía mi camino hacia Aquellos Shinobis. El Dolor seguía pero no me impediría luchar.
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Re: Esperanza Final [Última Batalla de Saga NM 2.0 - Resistiendo en el Portal]

Mensaje por Sokka el Sáb Mar 16, 2013 9:10 pm

Los enemigos estaban cayendo uno tras otro según las imágenes, que eran llegadas a mí a través del sello de la canción del colibrí, que Kirugani veía por medio de sus ojos. Sin embargo, las criaturas infectadas por la plaga y cuyo objetivo era nuestra destrucción, o al menos uno de sus objetivos, no cesaban de entrar por el portal hasta el punto de haberse duplicado en número. Estaba siendo bastante difícil combatirla.

Parecía que las cosas solo podían ir a peor puesto que, junto con la plaga, había entrado otro hombre. Un hombre de tal poder que había apagado las negras llamas del Amaterasu, aquellas llamas que duraban siete días y siete noches ardiendo, aquellas mismas llamas que no se consumían hasta haber convertido en ceniza todo lo afectado y aún así seguían ardiendo un tiempo. Aquel hombre tenía un gran poder y lo volvió a demostrar con su siguiente acción.

El mundo ha florecido hermoso en mi ausencia... pronto será un paraíso.




Esa frase recorrió mi mente, sin ningún origen, sin ningún final. No venía de ninguna parte y tampoco iba hacia ninguna parte. Parecía que su intención era quedarse allí, en mi mente, con la finalidad de habitarla. Si era así acabaría volviéndome loco puesto que una voz nunca oída que se repite en una cabeza no puede ser de alguien cuerdo.
El hombre, en menos de un abrir y cerrar de ojos había desaparecido para reaparecer a diez metros de Kirugani. Casi al mismo tiempo, puede que incluso antes, la plaga había desaparecido y yo me encontraba descendiendo. Tardé un poco en darme cuenta de lo que ocurría pues cuando lo hice ya me había acercado diez metros al suelo. Una gran presión fue sufrida por mi cuerpo, por mi alma, por mi espíritu sereno, por mí ser entero.

El descenso fue rápido, comencé bajando los diez metros iniciales mientras que de mi espalda el papel se despegaba. Esto produjo que en poco tiempo mis alas de papel desapareciesen y yo cayese atentando contra el suelo desde una considerable altura. Al mismo tiempo que esto sucedía, mi mente se encontraba en un auténtico caos. Era una lucha interna por defender una cordura que ya había desaparecido. Los nervios iban en aumento, el flujo de chakra se canalizaba peor haciendo así que no pudiese mantener la llamada de la lluvia y poco a poco dicha lluvia fuese desapareciendo.

Me hallaba tendido en el suelo. Había sido un duro golpe que me había hecho abrir la boca para expulsar un poco de sangre. Había causado en mí serias y bastantes heridas y todavía seguía ejerciéndose la presión en mí. ¿Eres este acaso mi fin? ¿Era aquí donde todo se acababa? ¿En esta dimensión? ¿Era posible que hubiese muerto ya? No. No era aquí. No yo. No era yo quien debía de fallecer aquí, en este mundo, en esta dimensión alternativa. Este final le correspondía a otro Yo. Al Yo de cinco años que ha crecido y ha vivido aquí. Además, no es aquí donde mi aventura ha de llegar a su fin. Tengo un rostro, un fino rostro que recorre mi mente y por el cual hay que vivir. Hay que luchar por regresar a su lado. Junto a esos cabellos rojos como el más colorado tomate. Junto a esos verdes ojos como las más brillantes esmeraldas. Junto a esa mujer…

De nuevo una voz sonaba en mi cabeza. Esta era distinta y ya la había escuchado antes, al inicio de la batalla. Era la voz de Kirugani pidiendo la ayuda de todos. A pesar de que mi flujo de chakra había sido alterado muy drásticamente junto con mi flujo sanguíneo y las palpitaciones que habían aparecido, yo había luchado por que la comunicación mental se mantuviese. Sabía que podían salvarme de la locura, sabía que podían atarme al mundo de los cuerdos. Kirugani nos pedía su ayuda. Nos pedía que luchásemos por vivir, que le prestásemos nuestra voluntad. Aunque yo no perteneciese a este mundo mi voluntad por existir en él sí que era de éste pues había nacido en él. Daba igual que el origen de la voluntad de vivir fuese para que me marchase de esta dimensión puesto que así debía ser. Debía vivir para que mi Yo del pasado volviera a su lugar. Al lugar que le corresponde, a esta dimensión. Y por ello hay que luchar, hay que vivir y, sobretodo, hay que alzarse, levantarse y desafiar los cielos, hay que mirarle a los ojos a la muerte y no temerla mientras esperamos su veredicto. Las palabras sobraban, las intenciones eran claras. Este alud de razones y sentimientos era lo que yo llamaba voluntad, y era lo que ahora le estaba enviando a Kirugani con el fin de perpetuar la especie, con el fin de sobrevivir…

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Re: Esperanza Final [Última Batalla de Saga NM 2.0 - Resistiendo en el Portal]

Mensaje por Suiryumaru Hozuki el Dom Mar 17, 2013 4:33 am

Solo reconocí un simple sonido... El de la plaga. Cientos y cientos de plagados recorrían estos lares, mientras mis compañeros los exterminaban como podían. Pero mi cuerpo no se quería mover. No sentía ninguno de los músculos de mi cuerpo, nada de lo que intentaba se traducía, de la simple orden mental efectuada por mi férrea, o eso creía yo, voluntad, a un acto tan simple como podría ser sujetar el arma lo suficientemente fuerte como para evitar que cayera al suelo dejando una estela de polvo en su vano golpe al suelo. Por todas partes veía kunais volar, y cientos; no, miles de jutsus atacar en todas direcciones y destruyendo todos los plagados que podián aparecer. Incluso había jutsus que ni había visto en mi vida alguna vez, por lo que debí suponer que en todas las naciones había ninjas que generaban sus propias técnicas con el fin de defender a sus aliados, a sus amigos. A todos por los que luchan, a todos a los que aman. Esa fuerza del amor era la que movía a cada persona a derramar hasta su última gota de sangre en el suelo, todo por verles sonreir una vez más, con el celo del amante que mira como su reina se distrae por un segundo, y deja su imagen de ser el centro de atención de sus ojos. Aquellos sentimientos hacían a todos los ninjas del mundo tan dignos de ser un Kage como yo. O quizás más. Todos luchaban por aquello que amaban, y yo? yo no tenía nada por lo que luchar ahora. Sentía que todo por lo que algún dia había luchado se desvanecía ante mis ojos, y morían personas ante mí sin que me importase realmente ni un ápice. Todos los compañeros transmitían sus órdenes de un lado para otro, y éstas atravesaban mi mente debido al sello de comunicación mental que se nos había puesto. Pero ni aún así conseguía salir de mi estupor.

Miles de personas estaban dando sus vidas porque hubiese un mañana, y mi cuerpo no era capaz de moverse ni un dedo para hacer nada en el futil esfuerzo de ayudarlos.

No sabía muy bien que estaba pasando, todo era demasiado confuso. El enemigo que antes había intentado acabar con mi vida ardía entre enormes llamas negras, que consumían su cuerpo como si se tratase de un tronco de leña, dejado en la lumbre durante horas para alentar el hogar de la más pobre familia de un país muy lejano y frío. Solo podía recibir los comandos de Kirugani en mi mente, y sentí mi cuerpo vano y pesado, como si no pudiera hacer más. Algo dentro de mí no me dejaba luchar a gusto, como si el remordimiento de no haber podido proteger a Kiri fuese la cadena más pesada del mundo, que me impidiera hacer hasta el más mínimo movimiento. Un nuevo enemigo surgió en escena, tras lo que un nuevo pensamiento apareció en mi mente, con una voz totalmente distinta a cualquiera que hubiese oido jamás:

Speciosa mundi floruit in absentia mea ... cito esse paradisus.


No entendí ni papa de lo que había dicho; pero sonaba con la intensidad con la que un Emperador manda a sus súbditos a la guerra para morir por un simple ideal que tuviese, o el mero capricho de querer recibir algo con lo que no se le hubiese recompensado por su mero acto de existir.

Ha dicho: "El mundo ha florecido hermoso en mi ausencia... pronto será un paraíso."

No sabía que hablases idiomas, Yukianesa.

Los espiritus conocemos todos los idiomas que existen, tontito. Y creeme, no es algo bueno oir esa voz.


Por primera vez en mi vida, oí la voz de Yukianesa con miedo.

Suir... Estamos jodidos.

Tú también, Choumei? Que es lo que ocurre? Por qué tanto temor?


Ambos seres se manifestaban en mi cerebro con un aire cargado de temor y pesadumbre.

En pocos segundos pude entender una mínima parte de la desesperación que les llevaba, que a mí mismo me estaba llevando. Mi cuerpo, literalmente, se aplastó contra el suelo, recibiendo mensajes de desesperación de todos los que estábamos en el lugar. El nuevo ser, literalmente, era un Dios, capaz de hacer de su voluntad edicto divino y sacrificio de carne, con el que todos nos arrodillaríamos ante él. Pero no por lealtad, o cualquier otro motivo positivo que el vasallo le jura a su rey en un acto de fidelidad, si no por la inmensa fuerza que su cuerpo despedía, convirtiendo cada mota de polvo en un átomo que desintegraba bajo la enorme presión de su voluntad o de su alma. Sus ojos emitían el poder mareante de a quien no puedes mirar a la cara por angustia o por verguenza.

Sin embargo, la aparición de cada vez más gente no tenía por que ser siempre una mala noticia. Cinco seres vestidos del blanco más puro que jamás pude ver también se dejaron ver por el escenario del más que inminente fin del mundo. Todos estábamos allí. Incluso vi a mi hermana hacía no mucho, batallando por el lugar, acabando con todos los enemigos que pudo con su inmensa fuerza que la caracterizaba. Solo faltaba mi amada, la cual era incluso posible que estuviera luchando, o perdiendo la vida contra un mísero, despreciable y corrupto ser que amenazase con destruir a la que seria la dueña de mi extirpe. Pero deseaba en el fondo de mi corazón que ella no estuviese luchando en este campo de batalla, que hubiese quedado en casa, y que viviese al menos un día más.

Estos seres se acercaron a Kirugani, y pusieron sus manos sobre el desaparecido lider de Kirigakure que se hallaba de rodillas, y que poco a poco iba ganando la suficiente fuerza como para resistir aquel acoso de la naturaleza que podíamos llamar Jutsu. El ser de enormes proporciones también se le acercó, y con la fuerza de un gigante puso en él su mano. No tardé mucho en entender lo que estaba pasando, era hora de hacer lo que se debía haber hecho desde el principio.

Es... momento... de... luchar.

Me arrastré como pude hacia el nuevo cúmulo de gente, aún sabiendo que la aglomeración de personas haria al nuevo Dios enfadar, y proyectar aún más su destructiva fuerza hacia nosotros, pero ya no importaba. Aquel pulso no podía conseguir que la Voluntad del País del Agua se mitigase.

Al fin y al cabo, el agua es incompresible, no?

No pude sino evitar reir entre dientes mientras seguía reptando como podía, ahora con un brazo roto por la presión de aquella técnica por tres sitios, hasta que pude alcanzar el pie de Kirugani. Me aferré a su tobillo, y dejé que brillara el Azure Grimmoire. Nunca lo había usado en batalla, pero conocía sus usos teóricos totalmente de maravilla. Podía convertir la energía vital en chakra, y eso mismo es lo que haría. No viviríamos para ver otro amanecer si no poníamos todo nuestro ser en este salvador de ojos carmesíes, por lo que el acto que pensaba llevar a cabo realmente no importaba para nada. Un destello de color rojo, mientras que mi pupila derecha se tornaba del mismo color salió de mi mano, imprimiendo en Kirugani una fuerza mucho mayor de la que podía haberle dado cualquier otro ser. Al fin y al cabo, no había sacrificado el equivalente a 5 años de mi esperanza de vida en una fuente de chakra lo suficientemente grande como para partir un país para nada.

Es turno de que todos luchemos, juntos.

Tras aquel hercúleo esfuerzo sabía que no me quedarían fuerzas para más de dos minutos consciente, pero precisaba de ver todo lo que fuera a pasar, no importaba si perdía la cabeza en el intento.

_________________


"“Ware wa kuu, Ware wa kou, Ware wa jin! Ware wa hitofuri no tsurugi ni te subete no “tsumi” wo karitori “aku” wo metsu suru!"
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Suiryumaru Hozuki
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Re: Esperanza Final [Última Batalla de Saga NM 2.0 - Resistiendo en el Portal]

Mensaje por Akiyoshi Uchiha el Lun Mar 18, 2013 8:27 am

Se empezaba a convertir en una guerra sin fin, una guerra en la que no se podía ver ganador. Ahora ya podía vislumbrar al shinobi que ayudado me había a derrotar a tan magnifico adversario. Avistar conseguí ya a los demás shinobis que a mi lado luchaban en esta guerra. Ahí estaban, detrás de Kirugani, el demonio que un día, conseguí ver en el perdido templo de Sunagakure. Todos aquellos shinobis luchaban bajo la misma bandera y por los mismos motivos. Luchaban por el mundo y por las personas que en él residían. Una vez el enemigo desaparecido había consiguiendo de esa forma zafarse de nuestro embate, y con la plaga contenida por mis aliados, aunque pareciera ser que esta se duplicaba por momentos, en la superficie de batalla apareció otro hombre en pie, al parecer este compañero del anterior. Desde su aparición hasta que en mi testa resonó una frase no llegaron a pasar milésimas de segundo.

El mundo ha florecido hermoso en mi ausencia... pronto será un paraíso.


Kirugani se habia adelantado un poco hacía a mi, probablemente con la intención de protegerme. Quizá no habíamos pasado aun lo peor, y esa era, pues con Kirugani un poco más cerca de mí pude contemplar otra mirada en sus ojos tras ver al nuevo enemigo que se acercaba hacia nosotros. Después del gasto de chakra que me había supuesto el combate, encendí me mi último cigarrillo. Puede que jamás volviera a introducir humo en mis pulmones después de hoy. Lo saque de su cajetilla mientras el nuevo individuo,apresurado recorría el puente tras de mi. A treinta metros a mi espalda. Y ahora se pronuncio con unas palabras que pareció ser calaron en Kirugami como una jarra de agua helada en pleno invierno.

- Demonio Danzante Kirugani de los Suitachi. Es un placer ver como los deseos de tu padre han florecido en tu corazón. Desde niños, siempre fue el mejor hombre que conocí jamás, a pesar de sus defectos lógicos por el retraso que conlleva ser humano. Te deseo una vida feliz en el otro lado.


Tras esta dedicatoria dirigida a nombre de Kiriguni Suitachi, aquel sujeto extendió ambos brazos. Yo me encontraba en cuclillas, con la cabeza girada casi ciento ochenta grados para poder ver que hacia aquel ente, disfrutando cada calada como si fuera la última de mi único vicio. Acto seguido de extender sus brazos sentí una fuerte opresión en mi torso, a nivel orgánico. Podía sentir como cada uno de mis órganos se iban encogiendo, haciéndose cada vez más y más pequeños, intentando desintegrarse. Ahogue un grito en mis adentros, si bien el enemigo podía sentir mi dolor, no quería expresarlo. Delante de mi pude ver como Kirugani consiguió resistirse más que yo a arrodillarse. Detrás de Kirugani, al parecer otro shinobi de grandiosas proporciones, parecía ser que conseguía resistir el dolor, que al parecer, dentro de todos nosotros se había presentado. Este quedo se quieto detrás de Kirugani y posando su mano en la espalda de Kirugani. Mano que se traslado hacia el costado sujetandole con la suficiente fuerza como para ponerle de nuevo en pie. Como si de un muñeco de trapo se tratase. El miedo no había conseguido apoderarse todavía totalmente de mi, pero si parcialmente. Un escalofrió me había recorrido la espina dorsal, dejándome en una especie de shock inducido, mientras que luchaba por tan solo poder seguir respirando el humo de aquel cigarro. Difícil me resultaba con esta presión que oprimía mi corazón, quizá, ya debilitado por el tabaco.
Algo extraño pasó, algo que parecía ser estaba a punto de debilitar al enemigo. Este giro se a mirar al oeste en busca de la respuesta. Mientras mi vista volvió hacia el lugar donde se encontraba Kirugani con su compañero. Al mirar, un flash me dejo ciego instantáneamente, y cuando tras apenas un segundo recupere la vista cinco personas vestidas completamente de blanco situaron se al lado de Kirugani, extendiendo una de sus manos y poniéndolas sobre su cuerpo, al igual que había hecho anteriormente y todavía tenia aquel hombre de tan grandes dimensiones. La que parecía ser una mujer, puso sobre los hombros de Kirugani y de su compañero una capa de color blanca idéntica a la que aquellos cinco nuevos aliados llevaban consigo.Pude leer en los labios de la mujer, como esta le decía a Kirugami:

-- Es el momento de quebrar su voluntad, Kirugani. Todos juntos.

Poco a poco el gesto de Kirugani fue cambiando, ahora parecía que podía ver aunque fuera una sola esperanza para salvarse y por lo tanto salvarnos. Pude ver como las personas se iban acercando a él, como podían, rotos por dentro del dolor. Era hora de prestarle mi voluntad. Tumbe me en el suelo, todavía con parte del cigarro. Alargue los brazos, fui acercándome a él como pude, retorciéndome, pero sin parar ni un solo momento. En cuanto con los brazos extendidos pude agarrar uno de los tobillos que le quedaban libres, supe que había hecho todo lo que estuvo en mi mano. Y al fijarme en la mano con la que todavía sostenía el cigarrillo y ver que todavía podría disfrutarlo un poco más, no pude evitar esbozar una picara sonrisa, y posterior carcajada. Toda mi voluntad fue cedida a él. Era hora de dejarlo todo en manos de Kirugani y disfrutar de lo poco que nos podría quedar de vida.

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Akiyoshi Uchiha
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Re: Esperanza Final [Última Batalla de Saga NM 2.0 - Resistiendo en el Portal]

Mensaje por Kirugani el Mar Mar 19, 2013 7:47 am

Segundo tras segundo, podía sentir como la fuerza de todos mis compañeros, su voluntad de combatir al enemigo y derrotarle frente a las posibilidades que se planteaban completamente en nuestra contra, fluía por el aire, desplazando la prensa invisible que a todos aplastaba, cada vez más y más lejos, pudiendo todos recuperar poco a poco el aire en los pulmones, conforme su voluntad se hacía más fuerte. Por mi parte, toda la fuerza que me estaban cediendo llegaba a mí, y crepitaba a mi alrededor en forma de un aura invisible, alejando de mi alma la voluntad de Kuchiku y la increíble fuerza que estaba invirtiendo en hacerme desaparecer del mundo de los vivos. No solo Sadoru, y mis compañeros del Loto Blanco, sino el resto de guerreros que luchaban contra la destrucción lo daban todo, sacando a relucir sus sueños e ilusiones para trenzarlas luego en una gruesa soga que se hacía imposible de romper. Aún con esfuerzo, logré mantenerme en pié sin la ayuda de mi mejor amigo y centré todos mis pensamientos en la figura del paladín que el Loto Negro nos había presentado, llevando hacia él las fuerzas combinadas de todos nosotros que se abrían paso poco a poco hacia su objetivo, anulando las fuerzas contrarias que nacen de su fuerte corazón. El reflejo de su faz mostraba a todos como la incomprensión nacía en sus ojos. No podía entender como meros insectos, humanos, podían resistirse a la voluntad de ellos, los hijos de Anarkía, que habían nacido para reinar sobre el mundo, evadiendo sus reglas naturales siempre que lo deseasen, incluso la misma muerte les temía. ¿Quiénes éramos nosotros para ir contra la naturaleza? La respuesta era sencilla, pero ellos ya la habían olvidado. La única lección que Anarkía le dio a su misma raza fue clara y sencilla. Luchad contra la opresión, nunca dejéis que nadie os domine y liberad vuestras cadenas. Esa es la fuerza del ser humano.

Paso a paso me acerco hacia el Uchiha, deshaciéndome con cada vez más facilidad de las toneladas que pesan sobre mis hombros hasta que finalmente, cuando me encuentro a tan solo un metro de sus ojos, me alzo cuan alto soy sin ningún tipo de carga ni pesar. Kuchiku ahora está claramente asustado, sintiendo como cada vez menor la fuerza de Anarkía ya no llega como debería, pues su padre les había abandonado para siempre. A mi derecha de nuevo se hace la luz, y el joven Blank aparece al lado de la mujer del Loto Blanco cruzo una mirada con él, tras buscar heridas mortales en su cuerpo que no logro ver, pues no hay mas que algunos rasguños y símbolos de una pelea que le ha dejado extenuado. En sus verde esmerada írises un velo de pesar es notable. Viene solo, finalmente Viral ha cumplido con su decisión violando el destino que los Dioses habían preparado para él, como adalid de la humanidad. La historia de Anarkía no se volvería a repetir mientras hombres como él luchasen por lo correcto. Antes de caer inconsciente, el Kazekage me agarra con una mano que apresa mi tobillo y me mira de nuevo, exigiendo que cumpla mi parte del acuerdo con una silenciosa amenaza. Ha perdido a las dos personas mas importantes de su vida. Asintiendo con la mirada, dejo que descanse, siendo tomado entre los brazos de la mujer, como si de su propia madre se tratase. Sadoru se ha acercado hasta mí, quedando a mi izquierda, así que cuando alargo el brazo y coloco la palma de mi mano derecha, donde se concentra toda la fuerza y voluntad de cada uno de nosotros, puede ver en primer plano como Kuchiku se convulsiona en un escalofrío que le recorre de pies a cabeza al tiempo que la presión que antes pesaba sobre nuestros corazones se deforma, doblándose hacia dentro, directa su creador. Sus huesos crujen, sus órganos se licuan, sus ojos salen de las órbitas y su garganta se dilata un segundo para luego colapsar y cerrarse completamente. Y al tiempo que su voluntad de luchar mengua, la plaga renace en la Ciudadela, imposible de amedrentar, pues la influencia de Anarkía ha sido demasiado fuerte, esta tierra quedará maldita durante el paso de las eras. Es pequeño, pero un fragmento del poder del Gran Rey se ha liberado, sin voluntad ni guía, tan solo un objeto que influye en su entorno creando las mayores abominaciones jamás vistas. En la lejanía, los edificios dorados comienzan a brillar, activándose a la vez la mayoría de sus portales dimensionales de emergencia, que los ingenieros de Fuinkiri llevan días tratando de activar, en el momento ideal, todos los humanos que había confinados entre sus paredes desaparecen, reapareciendo en las puertas de Rac Álainn. Entonces lo siento. El que lo comenzó todo, desaparecido hacía años dejando al Loto Blanco sin la guía que había necesitado. Su presencia precede la destrucción.


¡¡CHEEERIOOOOO!!

Desde el otro lado del portal, una furia infinita se desata en la Ciudadela, aniquilando toda aquella fuerza contraria a nuestra causa en un radio de 300 metros, quedando limpia nuestra zona del campo de batalla, a pesar de que poco tardarían en rebasar ese área las demás criaturas de asquerosa procedencia, dándole a la Resistencia poco más de unos minutos para salir del lugar. El portal zumbó unos segundos mientras era traspasado por una persona, vibrando y ondulándose violentamente su superficie, como nunca antes había ocurrido. La onda de energía que lo había traspasado, había dañado severamente su mecanismo, y poco tiempo quedaba de uso hasta que finalmente se extinguiera.

Azotados por el fuerte viento que se había levantado en el antaño apacible mundo de colinas y bosques, el kimono holgado, abierto en su parte superior, ondeaba con fuerza, golpeando la espalda y el torso de su dueño que se mantenía impasible tras Kuchiku, sobresaliendo por su espalda una cabeza de altura. Su rostro no reflejaba emoción alguna, tan solo la frialdad del acero y la decisión de la piedra. Sus facciones no cambiaron cuando sujetó por el cráneo al enemigo, alzando su cuerpo maltrecho sobre sus hombros y apretó sin piedad hasta destrozar la calavera, y los tejidos internos, haciendo reventar finalmente los ojos por los que había quien hubiera pagado una fortuna digna del Emperador. Con un movimiento de brazo, lanzó al suelo, hacia su izquierda, el despojo que había quedado del poderoso shinobi ahora muerto y desparramadas sus extremidades como si de un viejo trapo se tratara. Con una sacudida de muñeca, el hombre limpió la sangre y los restos de materia gris de entre sus dedos, tras lo que cruzó con varias zancadas el espacio que le separaba de la pelirosa acompañada de un gigante monstruosamente adorable, ignorando completamente al Loto Blanco, y el resto de asistentes. Una sonrisa se dibujó en sus labios antes de unirlos con los de la mujer, tomándola entre sus brazos para alzarla a su altura, desbordado de felicidad por verla con vida tras el mortal trance que había tenido que pasar. Cuando sus labios se separaron, la posó suavemente en el suelo rodeándola con un brazo, mientras que con el otro acercaba a su hijo mayor, rodeándole el cuello y uniéndose los tres en un abrazo familiar. El portal zumbó de nuevo, y fue traspasado por un hombre hermoso de cabellos blancos a juego con su Kimono, hermano de peregrinaje del primero, que en seguida alzó su voz para ser oído.


- Shichika, debemos irnos. Esto no va a aguantar.

El hombre asintió, a sabiendas de que se había dejado llevar por las emociones, y tomó en brazos a su amada, volviendo a recorrer la misma distancia que le separaba del portal en el mismo suspiro, dejando que el Loto Blanco tomara la responsabilidad de ayudar a los demás. Uno a uno desfilaron emitiendo zumbidos regulares según pasaban, quedando finalmente la mujer de ojos estrellados, mis compañeros del Loto y Shika. Incluso Negro Kun acababa de cruzar como pudo por el estrecho portal. No había soltado a la pelirosa en ningún momento. Seis zumbidos más, y tan solo quedábamos, Sadoru, ojos de cielo, mi hermano y nosotros dos. Llegaba el fin de esta era, y con ella, la muerte de este mundo enfermo. Un par de lágrimas calleron de mis ojos, surcándome las mejillas hasta llegar a la barbilla, donde resbalaron hasta el pecho de mi pelirosa. Ya era hora de irse cuando un grito trató de avisarme, al tiempo que se escuchaba el horrible sonido de la carne siendo desgarrada.

Al girarme, vi como, a tan somo medio metro de mi cuerpo, Sadoru se había interpuesto entre mí mismo y un golpe que hubiera sido mortal al atraparme desprevenido. Una mano cerrada en un puño atravesaba el pecho del shinobi de Kiri, sobreviviendo a ello por puro milagro, una marca mas de su inhumana resistencia, pero dejándole gravemente herido y haciéndole caer al suelo al borde de la inconsciencia. Tras él se encontraba Kuchiku, cuya cabeza había sido completamente reformada, mostrando aún horribles marcas rosáceas y cicatrices en los lugares donde su carne no se había vuelto a formar del todo. La mácula de Anarkía se veía clara en su cuerpo, podrido y corrupto, contagiado por la plaga. El siguiente golpe se dirigió hacia nosotros a toda velocidad, desde su brazo izquierdo, que se alargaba asquerosamente entre crujidos de hueso y cartílago. Con una patada repelí la embestida, pero ésta salió despedida hacia la estructura del portal, destrozando una de las columnas que sostenían el arco superior, de donde caía como una cortina mágica la energía transportadora. Antes de que pudiera pensar, el siguiente ataque del ser nos llegaba, y apenas pude desviarlo mientras apartaba a Shika de su trayectoria, traspasándome el hombro izquierdo con sus mugrosas uñas y segando el cabello de la pelirosa a la altura de los hombros. Un rodillazo ascendente fue necesario para partir la extremidad, que se regeneraría pocos segundos después, pero me dio el suficiente tiempo como para dejar a Shika en el suelo y lanzarme contra el ser, tratando de despedazarle completamente. El portal temblaba, crujía, su estructura se agrietaba mostrando los segundos que faltaban para su destrucción total, y finalmente cayó.

Una vez más, la voluntad de Kirigakure se mostró, pues el Demonio de la Niebla se había levantado y sostenía sobre sus hombros la colosal pieza que mantenía el portal, quedando aún una pequeña zona de menos de un metro de altura por la que pasar. Shika no se movería, sabía que no podría dejarme aquí, así como así, pero Sadoru no aguantaría, estaba forzando el límite de su vida, y en sus ojos ya apenas se veía reflejo de esta, mostrando el tremendísimo esfuerzo que le costaba darnos cada segundo.


- ¡Vete, volveré a por tí, lo prometo!

Seguía sin moverse, aún insegura de lo que debía hacer. Su amiga tiraba de ella cuanto podía para hacerla retroceder hacia la salida, pero a pesar de que la diferencia de fuerzas entre ambas era enorme, algo mantenía a Shika plantada en su lugar, una fuerza que no nacía de los músculos, sino del interior de su alma. El tiempo se acababa.

- Mira el cielo y recuérdalo, las luces en la noche son estrellas, y mientras brillen, seguiré vivo.

Finalmente su voluntad cedió al cansancio al tiempo que perdía la consciencia, permitiendo a su amiga que la sacara de ese mundo condenado, recibiendo una sincera sonrisa de agradecimiento por mi parte. En cuanto ambas hubieron pasado, la pieza desbordó a Sadoru y calló aplastando su cuerpo que algunos habían llamado Inmortal. Hasta el hombre más poderoso tenía un límite. No estaba muerto, lo sentía, y mientras quedase un suspiro de alma en sus pulmones lo mantendría alejado de toda corrupción. Poco a poco, el cielo sobre nosotros se oscurecía, al tiempo que las abominaciones mas aterradores surgían de las entrañas de la tierra, dirigiéndose hacia nosotros. Lo último que verían muchas de esas criaturas sería mi puño justiciero. Había roto mi promesa, había matado. Pero no me arrepentía, pues finalmente el amor me había mostrado el camino hacia la iluminación. Lancé una mirada de reproche a mi hermano de peregrinaje, pero no hizo falta su respuesta para saber que su decisión era inamovible. Después de todo, no era yo quien controlaba su destino. Juntos, nos opusimos a la plaga, como antaño luchamos contra las injusticias en nuestro peregrinaje.

- Venid si os atrevéis.

En los cielos de Konohagakure no Sato, cada noche a partir de ese día, una estrella brillaría con intensidad alineada con la Mansión de la Hokage. El mundo que había sido llamado La Ciudadela, un paraíso de paz y tranquilidad para los integrantes del Imperio de Kiri había sido sellado completamente, impidiendo así que la plaga escapase y se extendiese. Aún quedaban restos de dicha plaga en el mundo, pero su líder y creador estaba encerrado para siempre, junto a su adalid. Todo su poder no sería suficiente para traspasar el velo del espacio tiempo y llegar hasta las criaturas inocentes que habían sido salvadas por poco en el otro lado. Finalmente, la Gran Guerra había acabado. Quince años serían necesarios para recuperar la estabilidad que tantas tragedias habían arrebatado al mundo.

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