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Entrenamiento.

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Entrenamiento.

Mensaje por Yumi Hoshigaki el Jue Mayo 29, 2014 11:53 am

Luz, agua… ¿qué es esto? Abrí los ojos, la brisa de la playa corría por mi rostro apenas recogido del inminente despertar que había sufrido, que increíble lo que me había pasado, aún recuerdo el día atrás como había llegado hasta aquí, lo sabía. Me sentí completamente inútil al ver a mi hermano entrenar una de sus veces, veía como, incluso entrenando, sufría cada momento, cada despertar de su chakra invadiendo el lugar donde él estuviera. Me sentía realmente inútil al ver como mi hermano entrenaba tan duro, que sufría tanto cada vez que decidía experimentar con su cuerpo el entrenamiento más duro que su cuerpo pudiera soportar, me sentía inútil. Pero no me sentía así por nada, sino que me sentía inútil porque mi persona tan solo en el mínimo roce con el dolor de mi entrenamiento, paraba, mi chakra volvía a la normalidad, y todo lo que había intentado se volvía contra mí, porque no podía seguir, porque mi propia experiencia no hacía que mi cabeza pudiera con tal dolor y no hiciera que yo me doblegara contra ello.

Eso no podía ser, estaba cansada de que mi persona fuera la más débil de los dos hermanos, no porque fuera la más débil, porque era raro no serlo en una pareja, tenía el cincuenta por ciento, si no que era la más débil con diferencia, y eso no me gustaba. Puede que una pequeña diferencia fuera lo que hacía que mi chakra fuera más débil que el de mi hermano, pero eso no era así, había muchas, muchas diferencias que hacían a mí hermano muchísimo más preparado para la vida y muchísimo más preparado para el combate que yo, siempre me prestaba para luchar cuando mi hermano me lo pedía, siempre que mi hermano entrenaba, y yo podía formar parte de ese entrenamiento, era lo primero que se me pasaba por la cabeza, porque quería convertirme en una ninja del calibre de mi hermano, del calibre de los luchadores que fueran del lugar donde vivíamos, hacían entrenamiento de todo tipo, hacían entrenamientos para conseguir una masa muscular propia de la de un ninja. Aunque lo que yo sabía es que no estaba lista para convertirme en una ninja que fuera lo más compleja en cuanto al estilo ninja del taijutsu, es decir, un cuerpo a cuerpo totalmente, que era más una ninja destinada a la lucha con el ninjutsu, a una ninja que con su chakra pudiera realizar infinitud de movimientos con su chakra para completar una ferviente estrategia que tuviera al contrincante, al enemigo, entre la espalda y la pared.

Todo esto fui pensando mientras que volvía a casa. Había pasado durante el día anterior un entrenamiento completamente intensivo en el que mi chakra volvió a jugarme una mala pasada, explotando en infinidad de golpes en el interior de mi cuerpo, y eso me hacía daño, un daño que llegó a hacer que me desplomara, un daño que llegó a truncar el control que tenía sobre mi sistema nervioso e hice que me desmallara en la playa. Por suerte nada me había pasado durante toda la noche. Llegué a casa, me di una ducha, y sin coincidir en ningún momento con mi hermano, desayuné algo y me subí hacia mi habitación, había empezado una novela muy interesante, una novela que hacía que me invadiera la realidad. Cogí dicho libro y me senté en mi cama, con mis gafas de lectura, a explorar y seguir en la página en la que había dejado mi anterior lectura.

“Cuando Hugo tenía 16 años, su padre empezó a mostrar pérdidas de memoria pero ni él ni su familia le dieron importancia. La familia de Hugo seguía la misma y pesada rutina de siempre, hasta que un día se dieron cuenta que los síntomas habían aumentado considerablemente hasta el punto de no reconocer a su familia más cercana. Todo evolucionó muy rápido. Después de examinarle, los médicos le diagnosticaron Alzheimer. Hugo no se lo podía creer. Hasta hace dos días, su padre siempre le explicaba todas las lecciones de matemáticas y de repente pasó esto. Hugo se sentía muy confuso pero finalmente decidió afrontar el problema y se juró a sí mismo que iba a encontrar una cura para esa enfermedad.

Pasaron los años y después de mucho esfuerzo, Hugo consiguió acabar la carrera de Bioquímica con las mejores notas de su promoción. Su padre, desde hacía algunos años, había entrado en una fase vegetativa. A pesar de ello, Hugo sabía que no podía derrumbarse si quería mantener su objetivo en pie. Cuando veía a su padre en ese estado tan precario, pensaba en los buenos momentos que había vivido con él y decía a Dios que pronto los volvería a vivir.

Ese pensamiento se vio hecho pedazos con la llegada de la crisis. Hugo tuvo que verse obligado a aceptar un trabajo como profesor de química en un pequeño instituto a las afueras de Bilbao para poder mantenerse. Él siempre pensó que era algo temporal pero fueron pasando los meses y Hugo siguió enseñando problemas de estequiometria a niños de 15 años que solo pensaban en salir de allí y irse a emborracharse. Lejos de dinamitar su esperanza, Hugo siguió mandando su CV a los distintos laboratorios del país. Lamentablemente, nunca obtuvo una sola respuesta. En vista de ello, decidió pedir un préstamo para financiar por su cuenta la investigación. Sin embargo, banco tras banco, director tras director, fueron volatilizando su sueño.

Cada vez la enfermedad iba avanzando y su padre empeoraba progresivamente. La esperanza ya estaba perdida cuando inesperadamente Hugo recibió una llamada del instituto Europeo de farmacología aprobando su investigación.

Hugo y su equipo trabajaron incasablemente durante los siguientes 5 años pero lamentablemente no encontraron nada. La confianza que se había puesto en él, fue disminuyendo y los principales financiadores del proyecto fueron disminuyendo su aporte económico. Hugo sentía que estaba cerca pero su palabra ya no le bastaba a los contribuyentes.

Cada vez se iban acercando más pero siempre llegaban a un punto sin retorno y tenían que volver a empezar. Pasaron los días, los meses y Hugo seguía sin encontrar una cura. Finalmente, llego el día del juicio final y no pudieron encontrar nada. A pesar de la insistencia de Hugo, los capitalistas del proyecto dejaron de invertir dinero y Hugo tuvo que despedir a todos sus empleados. Hugo no perdió la esperanza y siguió el solo, sin apenas comer y dormir. A pesar de todos sus esfuerzos, no pudo suplir la falta de dinero hasta el punto de que el banco quería embargarle el laboratorio que después de tantos años le habían otorgado. La prensa se hizo eco de la situación y le consiguió un poco más de tiempo a Hugo. Además algunos científicos retirados le ofrecieron su ayuda e incluso le dieron dinero para conseguir los productos químicos para las pruebas. Eso duró un tiempo pero poco a poco fueron perdiendo la esperanza al igual que los otros y dejaron a Hugo tirado.

Hugo finalmente también perdió la esperanza. Todo era oscuro para él. Ya no veía por donde tirar hasta que de pronto como si de un milagro se tratase vio el camino y supo como formar la cura. Hugo salió a la calle gritando y proclamando que había encontrado la cura. Rápidamente, se dirigió a la casa de sus padres. Al llegar, fue al cuarto de su padre pero no había nadie. Posteriormente, fue donde se encontraba su madre y le pregunto que donde estaba papa. Ella triste y desolada le dijo que había ido al cielo. En ese momento Hugo salió de la casa enfurecido y se dispuso a tirar la cura al río pero en ese momento la voz de su padre le dijo que estaba muy orgulloso de él y que su misión no era salvarle a él sino salvar a todas las personas que padecían esa enfermedad. Él, emocionado, la guardó y se la dio a los promotores del proyecto.

Poco después, Hugo se convirtió en el científico más famoso del mundo y recibió varios premios por su trabajo. Pero lo más importante es que, gracias a su incansable persistencia e ilusión por salvar a su padre, se calcula que ha salvado a unas 9 millones de personas.”

Una lectura que hacía eso… que dejara de subestimarme, puesto que la lectura era algo que me gustaba mucho. Pero no solo eso, creo que debía de entrenar algo, el día pasado había entrenado, pero eso no quería decir que debía de entrenar hoy. Bajé abajo y me cogí uno de los libros, de nuevo sin tener ningún acercamiento con mi hermano. El libro que cogí trataba exactamente de los jutsus de los que controlaban el poder del Suiton, el Suiton era el agua que perfecta que me había ayudado en tantas ocasiones. Cogí la primera página que me encontré, una que trataba de un jutsu más o menos básico entre los controladores del Suiton como naturaleza. Se trataba del Suiton Kawarimi, sabía que tenía algo que ver con el Kawarimi propio de los jutsus comunes, pero con una variante, y era que este Kawarimi no necesitaba ningún sello con ambas manos, por lo que hacía que los requisitos cambiaran. Yo tardaba en hacer un sello con ambas manos más o menos un segundo, y no me gustaba que por un segundo, el proyectil del enemigo me llegara a rozar el cuerpo. Pasé al bosque que había justo al lado de nuestra casa para entrenar y leyendo el jutsu, fui paso por paso, controlando mi chakra, controlando la composición de mi cuerpo del mismo modo que iba perfilando cada movimiento, casa movimiento que hacía que mi control del chakra fuera más completo. Tardé un día completo, de nuevo un día entrenando, en controlar el jutsu mencionado, aunque eso hacía que pudiera, de nuevo, avanzar en mi camino como ninja, que pudiera controlar un nuevo jutsu que no debía hacer que me confiara, si no que me diera más fuerzas para completar mi camino como ninja Hoshigaki de naturaleza Suiton.

Palabras y entrenamiento:
Palabras completas del entrenamiento: 1670 [El doble de palabras]
Palabras necesarias para el entrenamiento: 800

Jutsu aprendido:

4: Mizu Kawarimi
Reemplazo de Agua
Requisitos: No estar desprevenido.
Tipo: Ninjutsu
Rango: D
Carácter: defensiva
Chakra: 8 Chakra
Efecto: Evitas un ataque con un 100% de posibilidades (3 usos)
Descripción: Cuando va a recibir un ataque del que está consciente, el Ninja intercambia su cuerpo con una masa de agua de forma humanoide que recibe el ataque, mientras reaparece a 10 metros de distancia o menos siempre y cuando no haya obstáculos.
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Yumi Hoshigaki

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